3 de febrero de 2012

Caer

Es extraño. Tú eres un extraño para mí. No sé lo que pasa por tu cabeza, pero aun así, puedo pasarme toda la tarde hablando contigo. De cualquier cosa. De cosas que no he hablado con nadie. Pero ahí estábamos, sentados uno frente al otro, hablando. Sin hacer nada más que eso. Tú me escuchas. Yo te escucho. Y así nos pasamos toda la tarde, y no necesito nada más. Se me pasan las horas, que siento como minutos. Conoces mis miedos mejor que yo misma, mis secretos, mis deseos y mis peores defectos. Y aquí sigues sentado. Mirándome a los ojos. Con esa sonrisa que hace que me pierda en ella. Y no te levantas cuando escuchas mis locuras, ni yo lo hago con las tuyas. Y siento que te conozco desde siempre. Que siempre has estado ahí. Pero algo nos retenía a conocernos. Y ahora, cuando deberíamos estar centrándonos en nosotros mismos, estás al teléfono, escuchando mis preocupaciones, a la una de la mañana, jurando que no has conocido persona más tierna que yo. Y me entra miedo. Tanto miedo que no sé qué pensar. Sé que hoy serás el protagonista de mis sueños, y mañana no saldrás todo el día de mi cabeza. Pero no quiero que esto pase de aquí. No. No puedo. No quiero. No debo. Y mientras lo escribo, sé que he caído. Otra vez. Cuando me prometí a mi misma no volver a caer.

2 de febrero de 2012


Cuentan que construyeron la vía férrea de los Alpes entre Viena y Venecia antes de que existiera un tren que pudiera realizar el trayecto, aún así lo construyeron, porque sabía que algún día llegaría el tren. Si hubiera tomado otro desvío, ahora estaría en otra parte, sería una persona distinta.

14 de enero de 2012

Querido tu:

Yo Odio
... a ti.
... que me llames.
... que estés con otra persona.
... que no nos digamos lo que sentimos.
... a nosotros

Me Encanta
... tu
... todo lo que hemos sido
... los recuerdos que ha creado conmigo.
... nosotros

Echo de menos
... a ti
... tu forma de sonreír
... nuestras largas conversaciones
... una cerveza contigo
... a nosotros

Te odio. Te amo. Te echo de menos ...

10 de enero de 2012

Arriesga

La noche destelló cuando tú volviste a mis brazos.
Pero se apagó cuando echaste a correr,
Lejos de mí
VUELVE
Vuelve conmigo.
Dejémoslo todo atrás
No importa el mañana
Lo que importa es el ahora
Y Ahora quiero correr el riesgo de escaparnos.
JUNTOS
De huir juntos
Olvídate del qué dirán
Vuela otra vez junto a mí
ARRIESGA


20 de diciembre de 2011

Se acabó. Me rindo.

Se acabó el juego. Me rindo. Ganaste. Es lo que siempre quisiste, que las cosas fueran como tú querías. Pero yo no puedo seguir así. Autodestruyéndome. Me cansé de este juego. De un juego en el que parecía que tenías todas las de ganar. Aunque, hubo una vez, que tú te cansaste, que todo acabó. Parecía que los dos habíamos dejado de jugar. Que volvíamos a ser amigos, aunque no nos habláramos, pero sabíamos que estaríamos ahí si el otro necesitaba ayuda o por lo menos, ninguno se hacía daño. Y de repente, todo cambió. Vuelves a jugar, con ganas, y yo no me doy cuenta de lo que haces hasta que ya es tarde. Hasta que he vuelvo a caer, cual estúpida. Una y otra vez caigo. Y ya no hay nadie que me sujete. Siempre quisiste ganar, que las cosas fueran como tú querías. Pero se acabó. Ganaste a tu manera, porque yo me rindo. No quiero saber nada del juego, ni de ti, ni de nada que te rodee. Porque yo ya me he cansado, no pienso volver a hacerlo. A seguir corriendo tras de ti cuando me llamas, o a esperar sentada horas y horas un mensaje. Se murió. Voy a ser fuerte y voy a abandonar lo que una vez me hizo sonreír. A renunciar ha la única vez que he sido feliz de verdad. A renunciar lo que me hace sonreír todos los días, cuando recuerdo tu olor, o cuando veo un reflejo que me recuerda a tu pelo. Porque no hay persona, ni la habrá, que me haga la mitad de feliz que me lo hiciste tú a mí. Porque eres la primera persona en la que pienso cuando me despierto, me pregunto cómo estarás, que habrá sido de ti, me paso el día pensando en ti, por cualquier cosa que veo, pienso en ti y por la noche, cuando estoy cansada y estoy quedándome dormida, eres tú el que aparece en mi mente y el que permanece conmigo en mis sueños. Esta vez, lo siento, pero pienso rendirme en este juego. Felicidades, has ganado, pero ya me perdiste para siempre. No hagas nada por saber de mí, no me busques, no me llames… Nada. Quédate con la satisfacción de haber ganado. Se acabó el juego. Me rindo. Ganaste. Es lo que siempre quisiste, que las cosas fueran como tú querías. Pero yo no puedo seguir así. Autodestruyéndome. Me cansé de este juego. De un juego en el que parecía que tenías todas las de ganar. Aunque, hubo una vez, que tú te cansaste, que todo acabó. Parecía que los dos habíamos dejado de jugar. Que volvíamos a ser amigos, aunque no nos habláramos, pero sabíamos que estaríamos ahí si el otro necesitaba ayuda o por lo menos, ninguno se hacía daño. Y de repente, todo cambió. Vuelves a jugar, con ganas, y yo no me doy cuenta de lo que haces hasta que ya es tarde. Hasta que he vuelvo a caer, cual estúpida. Una y otra vez caigo. Y ya no hay nadie que me sujete. Siempre quisiste ganar, que las cosas fueran como tú querías. Pero se acabó. Ganaste a tu manera, porque yo me rindo. No quiero saber nada del juego, ni de ti, ni de nada que te rodee. Porque yo ya me he cansado, no pienso volver a hacerlo. A seguir corriendo tras de ti cuando me llamas, o a esperar sentada horas y horas un mensaje. Se murió. Voy a ser fuerte y voy a abandonar lo que una vez me hizo sonreír. A renunciar ha la única vez que he sido feliz de verdad. A renunciar lo que me hace sonreír todos los días, cuando recuerdo tu olor, o cuando veo un reflejo que me recuerda a tu pelo. Porque no hay persona, ni la habrá, que me haga la mitad de feliz que me lo hiciste tú a mí. Porque eres la primera persona en la que pienso cuando me despierto, me pregunto cómo estarás, que habrá sido de ti, me paso el día pensando en ti, por cualquier cosa que veo, pienso en ti y por la noche, cuando estoy cansada y estoy quedándome dormida, eres tú el que aparece en mi mente y el que permanece conmigo en mis sueños. Esta vez, lo siento, pero pienso rendirme en este juego. Felicidades, has ganado, pero ya me perdiste para siempre. No hagas nada por saber de mí, no me busques, no me llames… Nada. Quédate con la satisfacción de haber ganado. Y deja que yo, te olvide.

7 de diciembre de 2011

let's find some beautiful place for get lost

Hoy he vuelto a ese lugar tan nuestro, a ver como nuestra ausencia había borrado las caricias y los besos que nos dimos, las cosas que dijimos y las que callamos, las lagrimas derramadas por un amargo adiós. Y todo ha cambiado. Absolutamente todo. Nada está como lo recordaba. La noche era más oscura, ninguna estrella en el cielo, una luna diminuta presidia el cielo, y nubes que amenazaban con llover. Y esperaba que lloviera, que se llevara todos esos recuerdos que tenía contigo, y así lo hizo. Llovía tan fuerte que mis pensamientos se ahogaban tan rápido como nacían. Y no me importaba, sonreía mientras las personas que estaban a mí alrededor corrían a resguardarse. Mí sonrisa era tan notable que los que pasaban a mi lado susurraban que debía estar loca, y tampoco me importaba. Nada me importaba en ese momento. Tenía la mente totalmente en blanco. No necesitaba nada más. Salvo una cosa, que ese viejo amigo estuviera allí para tenderme un abrigo cuando decidiera que era hora de marcharnos.

Y allí estaba, para buscar un precioso lugar en donde perdernos.


5 de noviembre de 2011

Por nuestra foto colgada en la pared.


Hoy me he dado cuenta de que tu foto ya no está. La foto que colgué en la pared hace 4 años de nosotros no está. Me he quedado mirando fijamente la pared, y he visto el borde de la foto, más claro donde debía estar. Me he parado a pensar, ¿dónde está esa foto? ¿La quité? ¿La tiré? No tengo respuestas, porque no me acuerdo. Como tampoco me acuerdo que fue lo que me llamó la atención en ti. Ni recuerdo que película fue la primera que vimos, ni en qué año te conocí de verdad. No lo recuerdo. Sé que nuestra fotografía estaba ahí, pero me cuesta recordar tu cara. Tus ojos, no recuerdo si eran marrones o verdes, si tus dientes estaban perfectamente colocados o si tenías algún diente roto, tu voz. No lo recuerdo. Nada, absolutamente nada de lo que vivimos. Sólo me acuerdo de cuando éramos pequeños, cuando yo quería ser como tú, cuando me empeñaba en hacer todo lo que tú hacías. Mi guía. Y de tus manos. Las manos que siempre eran cálidas cuando me abrazabas, fuertes siempre que necesitaba que me sujetaras, suaves al acariciarme…

Por mucho que intento recordar, no puedo. Recordar las tardes de verano en las que nos tumbamos en la playa a no hacer nada. Recodar los domingos de invierno sentados en tu sofá, tapados con una manta viendo la película más romanticona que podíamos encontrar en el videoclub. Recordar todas las veces que terminábamos en el hospital por algún hueso roto de uno de los dos… Saltos de trampolín, carreras de atletismo, canastas, actuaciones, excursiones, risas, domingos de paella, llantos, peleas, paseos, besos, caricias, saltos al mar, viajes, silencios, sonrisas, dudas… A lo mejor es que es mejor no recordarlo. Dejar todos esos recuerdos en lo más alejado, rebuscado y perdido de mi cabeza.