Todos los días, a todas horas, personas en todo el mundo sufren decepciones de las personas que más quieren. Algunas no son grandes, y se arreglan rápidamente. Pero otras no, como esta. O estas. Porque hoy se junta todo. Hoy no es un día normal. Hoy, posiblemente, todo se junta, se forma una pelota tan grande que no sabes por dónde salir y lo único que te consuela es gritar. Gritar y dejarte la voz en esos gritos que no vas a conseguir acallar por mucho que te metas en el mar. Gritos que no sirven para nada porque esas personas seguirán haciendo lo mismo, porque siempre lo han hecho, pero no te querías dar cuenta. Esperabas un cambio que nunca llega. Pero tú, crédula, sigues esperándolo. Y seguirás esperándolo hasta que te canses de verdad, hasta que le grites a esa persona lo que realmente pasa. Pero ese día será tarde. Porque, por mucho que la otra persona lo quiera arreglar, tu no vas a querer, vas a querer que esa persona desaparezca de tu vida. No saber absolutamente nada de ella. Igual que llevas haciendo todos esos meses que has estado fuera y no se ha dignado a llamarte para preguntarte si estás bien después de que tu novio te dejara, o si estás bien en esa nueva cuidad en la que nunca has estado y todo es nuevo, o si te lo pasas bien, o simplemente decir “Te echaba de menos”. O sufres una decepción de una persona a la que estimas y aprecias, y de golpe, lleva todo el tiempo que la conoces en una absoluta mentira que ha explotado de la forma más estúpida. Y no sabes que hacer, porque vives con ella. Y no sólo la estimas, sino que la quieres. Porque pensabas que era una buena persona. Pero ahora ya no sabes que pensar. No sabes si solo te ha mentido con esto o no. No sabes que creer. Si creer a tu instinto que te dice “Sal de ahí y no mires hacia atrás”.

Porque, sinceramente, tengo la sensación de que soy su paño de lagrimas. Y la amistad no se basa en eso. Se basa en ser las dos personas dos pañuelos, dos paracaídas, dos camas elásticas, dos payasos, dos personas. No solamente una… Hace falta no ser tan egoísta para darse cuenta. De vez en cuando, me gustaría que alguien pensara en mí como yo pienso en vosotrxs. Cansa ser un psicólogo no remunerado…
Una vez dijimos para siempre...
Pero yo hoy no lo tengo tan claro

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